No sabía que venir a este lugar de birria iba a ser una experiencia... tan íntima. Desde que me…read moresirvieron el plato sentí que algo en mí se estaba derritiendo, y no era solo el queso.
La birria llegó hirviendo, burbujeando como si me estuviera coqueteando. El olor... santo Dios. Ese aroma me abrazó tan rico que casi me hace cerrar los ojos en plena mesa. Cuando metí la tortilla en el consomé, la cosa se puso peligrosa. Esa mezcla espesita, caliente, resbalando... mejor ni digo lo que pensé, porque no es apto para horario familiar.
La carne, suave al grado de que se deshacía con solo mirarla. Yo también me estaba deshaciendo, pero por otras razones. Cada mordida me hacía sentir como si alguien me estuviera diciendo al oído "ándale, uno más". Y yo obedecía sin poner resistencia.
El consomé... uff. Esa cosa estaba tan profunda y tan sabrosa que sentí que estaba metiéndome en problemas. Y lo peor es que me encantó.
El personal muy atento, preguntándome si quería más, y yo tratando de no contestar "sí, pero de todo". Uno tiene que mantener la compostura... aunque sea poquito.
Salí de ahí lleno, sudadito y con la conciencia dudosa.
Conclusión: No sé qué brujería hacen en este lugar, pero esa birria despierta cosas. Y todas buenas.