Recién llegada a Malasaña (me mudé hace poco al barrio) fue el 1er Restaurante al que fui. ¿Por qué? Me recordó a NYC el hecho de que estuviera abierto hacia fuera, algo muy común en los Restaurantes de Manhattan. Este es sin duda, el mayor atractivo de Maricastaña.
La comida está OK. Hay platos muy ricos, otros menos ricos. Después de probarlo en varios momentos del día, me quedo con el restaurante para el almuerzo (con o sin menu). Suelo ir en el break de la hora de comer y si veo que el menú no me convence (a veces es demasiado básico), me pido mi "Salmón marinado con babaganoush, guacamole, hummus, rúcula y pan de pita" que sé que me encanta y que por el precio está muy bien (11,50€).
Problemas:
- Camareros muy bordes. Hay un chico guapete y modernete que no atiende bien y la otra chica también de estilo "hipster" con tatoos tampoco... (al menos a mi). Varias veces he ido y le he dicho algo (o le he pedido la carta) y se olvida de mí y tengo que levantarme e ir a pedírsela (ni siquiera se molestan en pedirme disculpas). En este tipo de local es fundamental (si es que para algún restaurante no lo es...) tener camareros simpáticos y buenas personas que te hagan repetir. Yo voy mucho menos ahora precisamente porque no me siento "querida".
- El local es pequeño, y a las 3-4 veces ya te lo tienes muy visto. molaría tener más espacio y más rincones donde perderse en un local donde la decoración es tan agradable con maderita en tonos claros y luces cálidas.
- Faltan detalles... detalles con los que agasajar y fidelizar al cliente. Yo que he ido bastantes veces ( y quizás es una sensación general de toda mi experiencia) me faltan motivos para volver. Se que si voy no voy a tener una sonrisa o un detalle, o que se aprendan lo que tomo, o que me ofrezcan un libro o revista, algún plato nuevo o ingrediente que tengan de temporada... En fin, que esos detalles que me harían no solo ir más sino también recomendarlo, hacen que no lo haga. Durante mi estancia en Nueva York, con gente mucho más fría y más centrada en su trabajo e independencia que en España, en este tipo de locales "cálidos" tenían muchos más detalles conmigo y los chicos jóvenes que trabajaban eran multiétnicos, eclécticos, con estéticas imposibles, pero sobre todo... buena gente y que se preocupan por ti y te reconocían al entrar :D
Por ahora, mientras no corrijan esas cosillas, creo que me quedo con el menú de mediodía para de vez en cuando y punto. De todas formas, valoro que aparezcan locales como estos en Tribal (que últimamente está sacando un montón de conceptos interesantes) que junto con la recientemente inaugurada taberna Japonesa Hattori Hanzo, la terraza/restaurante de los antiguos cines Luna y el espacio gastronómico del ECI de Callao, hacen que sea uno de mis puntos favoritos para comer en Madrid. El próximo en probar será un restaurante muy similar a Maricastaña que ha abierto hace poco un poco más arriba en Corredera baja de San Pablo: Galleta. read more