This review is written as a caution for future clients who care about the long-term health of their…read morehair.
I was a long-time client and received color and extension services here about a year ago. My hair was bleached beyond what it could tolerate, causing severe breakage. Despite the damage, extensions were still installed without proper consultation, risk disclosure, or clear aftercare guidance.
I followed professional maintenance practices--washing infrequently and using appropriate products--yet within three weeks the extensions became extremely dry, tangled, and visibly low quality. This was not due to misuse. When I returned with concerns, no attempt was made to correct the issue. I was charged for removal, and the damage required cutting my hair very short and going dark for over a year. I am still dealing with the effects today.
What is especially disappointing is that much of the salon's clientele appears to be from the Hispanic community, including clients who may not speak English fluently or fully understand the risks involved. From my experience, services feel rushed, concerns are dismissed, and clients are treated as transactions rather than individuals.
Professional cosmetology services are expected to meet state licensing and board standards related to consultation, chemical processing, and client safety. Based on my experience and similar stories shared within the community, there appears to be a pattern of unprofessional practices and preventable hair damage. Clients should document services carefully and advocate for themselves.
If you value the health of your hair--especially for chemical or extension services--I strongly discourage going here and recommend choosing a provider who prioritizes consultation, transparency, and hair integrity.
Esta reseña se escribe como advertencia para futuras clientas que se preocupan por la salud a largo plazo de su cabello.
Fui clienta por muchos años y recibí servicios de color y extensiones aquí hace aproximadamente un año. Mi cabello fue decolorado más allá de lo que podía soportar, lo que causó un daño severo y quiebre. A pesar de ese daño, se me colocaron extensiones sin una consulta adecuada, sin explicar los riesgos y sin brindar instrucciones claras de cuidado posterior.
Seguí prácticas profesionales de mantenimiento: lavaba mi cabello con poca frecuencia y usé productos adecuados. Aun así, en menos de tres semanas las extensiones se volvieron extremadamente secas, enredadas y de muy baja calidad. Esto no fue por mal uso. Cuando regresé para expresar mis preocupaciones, no se intentó corregir el problema. Se me cobró por retirar las extensiones, y el daño fue tan grave que tuve que cortar mi cabello muy corto y cambiarlo a un color oscuro por más de un año. Hasta el día de hoy sigo lidiando con las consecuencias.
Lo más decepcionante es que gran parte de la clientela del salón parece ser de la comunidad hispana, incluyendo personas que quizá no dominan el inglés o no reciben información completa sobre los riesgos de estos servicios. En mi experiencia, los servicios se sienten apresurados, las preocupaciones se minimizan y los clientes son tratados como un número más en una silla.
Los servicios profesionales de cosmetología deben cumplir con los estándares de licenciamiento y de la junta estatal en cuanto a consultas, procesos químicos y seguridad del cliente. Basándome en mi experiencia y en historias similares compartidas dentro de la comunidad, parece existir un patrón de prácticas poco profesionales y daño capilar prevenible. Se recomienda a las clientas documentar sus servicios y defenderse activamente.
Si valoras la salud de tu cabello --especialmente para servicios químicos o de extensiones-- recomiendo encarecidamente proceder con extrema precaución o elegir otro proveedor que priorice la transparencia, la consulta adecuada y la integridad del cabello.