No conocía este lugar hasta hace muy muy poco. Parece mentira, porque está en pleno centro, al lado de la catedral, y merece absolutamente la pena.
Se trata de una placita pequeña, escondida y con muchísimo encanto. En plena zona tomada por turistas, supone un remanso de paz y recogimiento, tanto que hasta me da miedo comentarla, porque uno de sus encantos es la poca gente que la conoce y, por tanto, que la frecuenta. La plaza es blanca, con una cruz de mármol, árboles y poco más. Su sencillez y, sobre todo, el cambio radical de ambiente respecto a la calle con la que está comunicada son suficientes para sorprenderte y enamorarte. read more