El restaurante La Salita es de esos pocos sitios donde uno va a aprender y experimentar. Donde cada uno de las sabores y matices compone una sinfonía en cada plato, sin estridencias altisonantes y con el ritmo siempre justo para sorprender y agradar. Así es como yo definiría la cena, como una pequeña opera muy cuidada en cada uno de los actos y con notas que resuenan dulcemente en cada una de tus adormecidas papilas gustativas.
El menú de degustación de la cena se compone de ocho platos, un entrante, dos platos de pescado, un guiso, dos platos de carne y dos postres. Aunque el objetivo no es salir con la barriga a reventar la cena consigue por momentos saciarte, se agradecen los bocados pequeños y el espacio de tiempo que pasa entre plato y plato.
Empezamos por el árbol de la vida, con una presentación muy chula y con pequeños bombones dulces y salados de cosas tan variadas como pato pekin, tartar de salmon o queso azul recubierto de chocolate blanco. Asi hasta seis pequeños bocados delicados y sorprendentes que juegan con crujientes y con contrastes manteniendo siempre un delicado equilibrio de sabores que no te embota el paladar.
Después pasamos a la caballa envuelta en lechuga de mar con leche de tigre y cogollo marinado. Un plato que sorprende por el sabor alcalino y acido de la espuma de leche de tigre y que combina genial con la caballa que esta rehogada en una salsa de manitas de cerdo. Un plato que mezcla matices exóticos con sabores muy de aquí.
Seguimos con la viera con langostinos y melocotón de calanda, en el que aunque el langostino cocinado a baja temperatura y la viera se suponía que serian los reyes (y bien buenos que estaban!) lo que mas me sorprendió fue una salsa concentrada de marisco que en pequeñas gotas quería pasar desapercibida en el plato pero que era de un sabor tan puro como intenso.
Desengrasamos luego con un granizado de gin tonic. Increíble que no sea un estándar en bodas y reuniones. Creo que es el mejor granizado que he probado nunca para limpiar el paladar y probar nuevos sabores ya que no peca de dulce y tiene ese ligero toque amargo de la tónica.
Posteriormente nos sirvieron un guiso de setas con esferificaciones de queso idiazabal, cebolla y garrofón fresco. Como valenciano que soy puedo decir que nunca había probado un garrofón así, laminado, crujiente, sorprendente. Como igual de sorprendentes eran una cebollas pequeñitas asadas que desaparecían en la boca dejando un simple velo de cebolla asada y un sabor muy muy suave. El guiso estaba acompañado con un jamón de pato ligeramente tostado y envuelto como una flor que era un contrapunto crujiente y sabroso al guiso.
A partir de aqui pasamos a los platos de carne, un cochinillo, cochinita y la causa limeña. La causa resulto ser una especie de pasta hecha con patata, lima y un toque picante que acompañaba a los dados de cochinita pibil junto con una salsa que te transportaba al mejor restaurante de mexico.
Luego sirvieron un corzo lacado en salsa de regaliz con migas de castaña y cacao y salsa de cassis. Nunca había probado una carne de caza realzada con regaliz y el resultado es sorprendente, el sabor del regaliz estaba muy rebajado para no restar potencia a la carne pero el matiz aguantaba en boca y potenciaba el sabor de la carne. Algo de lo que aprender, sin duda.
Ya en los postres nos esperaba la magia, unas setas dulces que contrastaban sabores cítricos y dulces. Una delicia visual y gustativa servida sobre una tierra de galleta, pistacho y dios sabe que más. Como le escuche a alguien decir, quien fuera pitufo para poder vivir allí! Y por si no fuera suficiente, luego nos sacaron un tenderete de petits fours con cuatro bocaditos dulces para rematar, de los que me quedo con las galletas de gengibre y un delicioso macarrón francés de violeta.
Al final de la cena, habiendo tomado un buen vino valenciano y con el paladar en extasis despues de tanto sabor diferente pagamos una cuenta de 60 euros por persona con la sensación que lo vivido, experimentado y saboreado merecia sin duda alguna ese coste.
Y para acabar destacar el servicio, que te acompaña y te mima desde que entras por la puerta, explicando todos los platos y haciéndote sentir que en efecto estas en un gran restaurante. read more