Estuvimos en Julio en Madrid pasando un fin de semana y, a la caza de tapeo, encontré este establecimiento muy bien valorado por internet. Apartado, no te lo encuentras si no lo buscas, la primera impresión es la de un bar más. Unas pocas mesas y la gente apostada en la barra. Era un domingo por la noche y, luego, descubrimos que era el último día antes de comenzar sus vacaciones. Por las fechas, imagino que tuvimos la suerte de que no estuviera tan tan lleno como explicaban los comentarios. Pedimos dos cañas (1,40€ cada una, creo que la más barata que tomé en todo el fin de semana). De pie, en la barra, como toca. Junto a la primera ronda un plato de bravas bien colmado. Calidad normal (creo recordar que eran congeladas) pero con una salsa exquisita. (Quede claro que estamos hablando de un bar-taberna de barrio en el que la comida que paso a valorar te la regalan con la bebida, que a muchos, muchas veces, se les olvida). Antes de estar diez minutos, la primera sorpresa: un camarero con una bandeja de horno saliendo de la cocina y paseándose por la barra y las mesas ofreciendo montados calientes a todo el que quisiera (de forma gratuíta, off course!!). Para entonces yo ya llevaba la segunda cerveza, y cada vez que levantaba la mano para pedir una, una ración venía acompañándola (croquetas, muslitos de cangrejo, una montaña de pescaíto frito, costillas... con altibajos, todo sea dicho) sin contar los montados que cada 10-15 minutos sacan a pasear. La faena se acumula y los camareros, muy eficientes y serviciales se afanan a darte lo que te pueda apetecer. Repito: era el último turno antes de las vacaciones, lo que a todos nos hace ser más amables y, para lo que leí y nos comentó el propietario, era un día tranquilo, por lo que pudimos entablar varias conversaciones con los camareros, siempre muy agradables. La conclusión: que con una cerveza puedes inflarte a comer. Yo acabé con 7 u 8. Mi pareja con 3 o 4. Un detalle fue que al pedir una de las últimas rondas el camarero nos preguntó qué queríamos. Antes habían sacado una bandeja de montaditos de lomo con queso azul fundido. Mi pareja la rechazó, pensando que era otra cosa. Cuando se lo comentamos se fue corriendo a la cocina a buscarnos uno. Genial. Me gustaría volver a comer o cenar un día, ví salir una fuente de marisco (creo que en la carta eran 12€) en la que no podía caber nada más. Al final, la cuenta no llegó a 15€ y comimos como para dos días. Para colmo, al pedir la cuenta, el dueño (lamento no recordar el nombre) nos invitó a la última. Como le dije al despedirnos, desde que volví a Valencia no he parado de recomendarlo y cada vez que alguien me dice que visitará Madrid "le obligo" a visitarlo. Además, son colchoneros por lo que este año lo estarán pasando en grande. Deseando tener una excusa para visitar Madrid para colarme en A'Conchiña. ES-PEC-TA-CU-LAR read more