Williamsburg se convirtió para mi en un lugar obligado para cualquier amante de las hamburguesas. Paso a contarles por qué.
Fui con mi novio un viernes a la noche, día que uno supone de lo más concurrido. Llegamos en el horario exacto porque pudimos elegir donde sentarnos, aunque detrás nuestro llegó muchísima gente y el lugar se llenó.
Empezando por la ambientación, destaco el ambiente agradable, las mesas ubicadas a una distancia cómoda, y la disponibilidad de lugar para moverse. Con esto me refiero a que el movimiento de los mozos se da con tranquilidad, sin que resulte molesto para los visitantes.
Y en este punto me detengo. Williamsburg cuenta con mozos a pesar que uno ordena en caja. Esto permite que estén atentos a cualquier necesidad del comensal, falta de servilletas, refill de bebidas, etc. Muy acertado.
A pesar que nos sentamos junto a la cocina, ni un poco de humo, ni de calor, ni de olor nos llegó. El local está diseñado de forma muy pensada y correcta. Daba gusto estar allí.
Ahora si, a lo realmente importante: la hamburguesa.
Pedí la Williamsburger con papas fritas y gaseosa, y al pedirlas me ofrecieron ponerles queso cheddar o azul, sin cargos extra. Elegí queso azul.
La Williamsburger tiene queso en chips, pepino, panceta, huevo frito y mayonesa.
La primera mordida fue gloriosa. La carne estaba cocida a la perfección y tenía un sabor exquisito. La panceta crujiente, apenas chiclosa (es difícil que la panceta crocante no lo sea). El pepino no me gusta y aun así sin sacarlo la hamburguesa me gustó mucho.
No pude terminarla por su tamaño, satisface.
Las papas son crujientes, nada aceitosas y ricas, pero si se piden con queso azul hay que comerlas rápido. No es un queso que, derretido, resista mucho el cambio de temperatura.
Los vasos de gaseosa no son grandes, pero uno cuenta con un refill gratis.
Realmente disfruté de la comida, del ambiente y la atención, y volvería para probar alguna nueva hamburguesa. read more