La verdad sea dicha: Es tan italiano como las coles de Bruselas. La cocina es insípida aunque trata de compensar sus carencias con una sobreabudancia que tumbaría al más glotón. Tal vez lo mejor del local sea su decoración, pero para ver cosas bonitas me voy a un museo. Sobrevalorado en exceso, uno advierte al entrar que es el típico local de moda al que va la 'gente bien' con más ganas de aparentar que de disfrutar de una buena comida (italiana o de donde sea). La parquedad de la carta en el apartado de carnes hace que tan sólo se pueda optar por el tipo de salsa que acompañe a los escalopines y casi estaría por asegurar que es mejor perpretar un plato con una de esas salsas industriales precocinadas de sobre que arriesgarse a ingerir esos subproductos. Como ejemplo máximo están los saltimboca, trozos de carne acompañados de cualquier manera y que poco o nada tienen que ver con la receta tradicional. En cuanto al apartado de la pasta, qué decir si al penne (pasta tipo pluma) lo denominan macarrones (parecido pero no igual). En resumidas cuentas, que si alguien quiere apreciar la buena comida, éste es el último sitio al que dirigirse, a no ser que quiera guardarse la factura para impresionar a sus amistades pues es como si por comer un plato de sobras recalentadas y pasadas nos cobrasen lo que en el Bulli por un menú degustación. read more