Fue una señal divina, venía caminando con mis audífonos puestos escuchando a Lila Downs cuando de pronto vi a un señor tapizando una silla con un bordado chiapaneco. Me detuve intrigado y le pregunté si podría hacer lo mismo con mi sillón. Me respondió que por supuesto, me dio los detalles y literal fui corriendo a mi casa por mi sillón y por dinero. Hablé al número que me proporcionó, pasaron en media hora por mi tributo a la lectura y flojera y le entregué al chico también mis bordados más preciados chiapanecos. Dos semanas después mi sillón estaba listo. Increíblemente listo,desde entonces leo más en casa, me emociona muchísimo recostarme sobre arte. Mis últimos mal viajes y buen viajes lectores se los debo sin duda al reconocidísimo artista de Sillarquia. read more