¡VIVEN!
Yo antes era como vosotros. Me cambiaba de acera al pasar cerca de un restaurante chino. A veces, incluso me persignaba y postergaba cualquier plan con mis amigos, que tuviese como fin una comida o cena asiática.
Pero estas navidades, fui invitado por un amante de su gastronomía, para que la conociese de primera mano y despejase mis dudas con respecto a los mitos.
El restaurante Regio es un lugar agradable, tranquilo y con una decoración artesana digna de admiración. Las lámparas cónicas, elaboradas con cartulina roja grapada en los laterales aportan ese toque Do It Yourself, que lamentablemente se está perdiendo.
Quiero destacar que, durante gran parte de la comida, estuvimos solos (éramos dos) frente a un grupo de al menos cinco o seis chinos. Podrían habérsenos comido si hubiesen querido, pero optaron por no hacerlo. Yo mismo fui al baño (en perfectas condiciones de higiene) y paseé por la trastienda (no había mesas de operaciones, ni ancianos enjaulados, tampoco ratas de engorde ni perras siendo ordeñadas) sin sufrir percance alguno.
Nosotros salimos vivos y con todos los órganos en su sitio.
En cuanto a la comida, las empanadillas al vapor (ligeramente fritas por la base) son una exquisitez. Como somos amantes del riesgo, pedimos una carne aderezada con sirope agridulce y crocanti y un arroz frito lleno de animales marinos y tentáculos, muy lovecraftiano él.
Interesante.
Al contrario de lo que suele leerse por ahí, nadie sufrió diarreas coléricas. Tampoco la bulimia involuntaria acudió a nuestras vidas, con la fuerza de siete Lindsay Lohans. Todos los alimentos fueron procesados sin problemas por nuestros aparatos digestivos y convertidos en heces en el tiempo habitual.
Me ha parecido justo despejar las dudas a futuros clientes. Por unos diez euros/pax comimos bien, abundante, higiénico y sano. No hubo secuestros, tráfico de órganos o despiece cárnico humano.
Y una cosa nos quedó clara, los chinos son auténticos maestros jugando a la DS. read more