Lugares como este son la razón por la que uno prefiere chupar en su casa.
Esperamos más de una hora, gastamos casi mil pesos, y justo cuando nos iban a dar una mesa, aparece un pelón con su novia y, como si esto fuera su patio trasero, se sientan en nuestra mesa. ¿Y qué hizo el gerente? Nada. Cero autoridad, cero respeto por el orden, y lo más triste: cero huevos.
Si estás al frente de un restaurante y permites que alguien robe mesa como si fuera silla musical, no eres gerente, eres tapete con gafete. Y de paso, cómplice de la falta de respeto.
No es que "se les fue de las manos", es que nunca las tuvieron puestas. El staff como si todo estuviera bien, sonriendo nerviosos, mientras los que seguimos las reglas somos tratados como invisibles. Qué cool, ¿no? Mucho nombre edgy, mucha caguama cara, pero la ética brillando por su ausencia.
Esto no fue mala suerte. Fue una cultura de quedabienismo cobarde con gente con actitud de "yo primero" mientras los demás nos jodemos.
Si tu idea de un buen rato incluye tragarte tu dignidad junto con tu cerveza, este es tu lugar.
Si no, corre. read more